Hay proyectos que, desde el primer momento, sabes que van a ser especiales. No porque lo digan los planos o el briefing, sino porque en cada fase aparece ese punto de exigencia que obliga a todos a afinar más de lo habitual.
Eso es justo lo que nos pasó con la maleta de jamón de Navidul.
Este trabajo ha sido reconocido en el XVIII Concurso Nacional de Flexografía, organizado por la Agrupación Técnica Española de Flexografía, dentro de la categoría de impresión en Flexografía HD para cuatricromías en papeles estucados. La entrega de premios se celebró el pasado 9 de abril de 2026 en las Bodegas Familia Torres, en un entorno que, como el propio trabajo premiado, pone en valor el cuidado por el detalle y la excelencia.
A simple vista, puede parecer “solo” una caja. Pero en realidad, este tipo de trabajos reúnen varios retos técnicos al mismo tiempo: los soportes estucados, que no perdonan errores; las tramas finas, donde cualquier desviación se nota; y unos colores que tienen que mantenerse estables durante todo el proceso de producción. Y, por encima de todo, una imagen final que esté a la altura de un producto premium.
En este caso, la impresión tramada era clave. No valía con que se viera bien: tenía que transmitir calidad desde el primer vistazo en el lineal.
Aquí es donde entra el trabajo conjunto. La reproducción, realizada por Diflex, y todo el ajuste en máquina por parte de nuestro equipo hicieron posible que cada detalle encajara. Porque en flexografía, los pequeños desajustes no se esconden. Se notan. Y mucho.
Muchas veces se habla de maquinaria, de innovación o de procesos. Y es verdad, sin la mejor tecnología, no podríamos llegar hasta aquí. Pero la realidad es que este tipo de resultados solo aparecen cuando esa tecnología está en manos de personas que saben exprimirla.
Hubo pruebas previas, ajustes, modificaciones, decisiones en tiempo real… y también esa experiencia que no sale en ningún manual: la de saber cuándo parar, corregir y volver a arrancar para que el resultado final sea el que debe ser.
El acta del jurado deja claro el nivel del concurso: 170 trabajos presentados, 36 Premios Nacionales de Flexografía y 2 Best in Show. Y lo más interesante es que todos los trabajos se valoraron de forma anónima, centrándose únicamente en la calidad de impresión, la dificultad técnica y el resultado global. Eso le da todavía más valor al reconocimiento.
Y también creemos importante decirlo: nuestra enhorabuena a ATEF, la Agrupación Técnica Española de Flexografía por la organización de la gala, cuidada hasta el detalle, y al jurado por su trabajo y por concedernos este reconocimiento. Cuando detrás hay criterio técnico y una valoración honesta del oficio, el premio se recibe con todavía más orgullo.
Este premio nos hace especial ilusión, sí. Pero sobre todo nos recuerda algo importante: que cada proyecto es una oportunidad para hacerlo mejor que el anterior. Y que incluso algo tan cotidiano como un embalaje puede convertirse en una pieza que marque la diferencia… cuando se trabaja con el nivel de detalle que realmente merece.

